Lo extraño en lo cotidiano

Lo extraño produce sensaciones diversas entre las personas. Ser diferente al resto puede estigmatizarte, excluírte, segregarte, ponerte como ejemplo para otros extraños como tú. Algunos proponen “ponerte en sus zapatos” o que aprendas lecciones de vida de los “modelos a seguir”, como si eso bastara para calmar la angustia de encontrarte con “uno diferente a tí”. (recomiendo lean a Carlos Mattos, que escribe mucho y bueno sobre este asunto).
Hablamos mucho de diversidad, pero no queremos corrernos de nuestra zona de confort. A veces, pocas veces, la voz de los extraños sale más allá de su círculo y por esas cosas del destino (o de Hollywood) llegan a más personas. A más “gente como uno”. Como la historia de RJ Mitte.
Nos fascinan las historias de héroes y heroínas. Cómo son capaces de levantarse más alto que todos, después de haber caído más bajo que todos. Pero nos cuesta ver cuántos han quedado en el camino. Somos una sociedad que ama el éxito y castiga el fracaso. Más bien, castigan a los “éxitos cortitos” con la etiqueta del fracaso. Olvidan que el fracaso no es más que la oportunidad de comenzar de nuevo, pero con más inteligencia (“Failure is only the opportunity to begin again, this time more intelligently. There is no disgrace in honest failure; there is disgrace in fearing to fail“).
Es un buen momento para empezar a ver desde otra perspectiva. La de quienes lo intentan, sin ánimo de ser héroes, obtener premios o medallas. Simplemente, porque quieren una mejor sociedad.
 
 
Lo extraño en lo cotidiano

Accesibilidad, equidad de género y escritura

Ciertamente, el lenguaje refleja más que lo que las palabras dicen. Es un problema de los lingüistas revisar los usos correctos del idioma para que reflejen la equidad de género y la no discriminación por cuestiones tanto de género como por discapacidad. Cuando este problema sale de la academia y llega a la calle, las personas lo convierten en una necesidad sentida. Y buscan sus propias soluciones. No está mal, pero algunas de esas soluciones generan más problemas que el que se quiere resolver.

Una primera acción positiva que pueden hacer las personas es ampliar su vocabulario y utilizar (cuando corresponda) palabras neutras para denotar género. Un ejemplo. Si estoy refiriéndome a quienes estan realizando un curso puedo elegir “alumnos y alumnas” o bien “estudiantes”. En este caso, como docentes, también estamos reforzando lo que aprendieron en “Prácticas del Lenguaje”, sino también mostrar recursos TIC muy interesantes como los diccionarios en línea para buscar sinónimos.

En los últimos años en el mundo académico se puso de moda reemplazar las “a” y las “o” por otros caracteres como por ejemplo “@” y “x”. El resultado, desastroso. Las personas (excepto en su etapa de alfabetización) no leen palabras sino patrones emergentes. Por eso pueden comprender mensajes donde faltan letras o están escritas al revés (Facebook está lleno de estos ejemplos en sus memes).

Nuestros cerebros no están entrenados aún para reemplazar las vocales por el arroba o la x. Si con alguna dificultad pueden comprender el significado de “Bienvenid@s” (arroba se parece bastante a una vocal), con “Bienvenidxs” un cerebro ya bien alfabetizado emite una señal de alerta por falta de ortografia. Y para colmo, se dan situaciones de uso que rayan en el ridículo. En un texto “inclusivo” usado en el Taller de Escritura Académica de uno de los postítulos que ofrece el Instituto Nacional de Formación Docente se pudo leer esto: “Lxs sujetxs”, que según esta corriente de pensamiento sobre escritura inclusiva debería leerse “Los sujetos y las sujetas”…

Estos ejemplos muestran problemas que alcanzan a todos las personas, con o sin discapacidad. En este segundo grupo, las cosas se ponen peor. Si la persona tiene comprensión reducida, le complicamos innecesariamente el acceso al texto. Estas innovaciones profundizan su problema de comprensión. Y si es usuaria de lector de pantalla, el mensaje queda confuso, ya que esa persona escucharía “bienvenidarrobas” o “bienvenideks”.

Resumendo, el problema de la escritura que respete la equidad de género es grave y requiere que los lingüistas y filólogos hagan un trabajo serio y exhaustivo. Mientras tanto, los docentes podemos trabajar con eso simplificando la escritura (el uso de términos neutros para denotar género) o bien respetando las normas del buen escribir vigentes pero con un fuerte trabajo en clase y en casa sobre la cuestión de fondo. La violencia de género no se resuelve con @ o x que entorpecen la lectura, sino inculcando valores desde “la panza”.

Accesibilidad, equidad de género y escritura

El rol de las TIC en una cultura digital

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para otros).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” TIC se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Después de experiencias intensas con maestros de la talla de Alicia Camilloni en su reciente Seminario “Epistemología de la Didáctica” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, la escucha atenta de las experiencias de Mariana Maggio en su cátedra “Fundamentos de Tecnología Educativa” de la Universidad de Buenos Aires y un intercambio entre Vera Rexach (OEI – Ibertic) y Selín Carrasco Universidad Futura) en las redes sociales resuenan diferente. Abren la mente para posicionarse en otros lugares, otros puntos de vista, otras perspectivas. Y prefiero “otros” a “nuevos”.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura. Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning. Los dispositivos se multiplican y el aprendizaje se vuelve ubicuo.

Con más razón y energía es necesario pensar las prácticas docentes en clave de accesibilidad en multiplicidad de entornos virtuales.

El rol de las TIC en una cultura digital

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Aprender haciendo es quizá la mejor forma de aprender. Y si ese “haciendo” ocurre en el contexto de la institución educativa, con un fuerte compromiso social para mejorar la calidad de vida de las personas, la calidad de ese aprendizaje es superior.

Es mucho y bueno lo que se está haciendo en las instituciones educativas argentinas. En la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 3 de Mar del Plata pude observar el prototipo de un semáforo adaptado para personas con visión o audición reducidas. El proyecto fue liderado por el Prof. Cristian García.

Los medios periodísticos también difundieron los resultados del Aprendizaje Basado en Problemas que realizan los estudiantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata atendiendo casos propuestos por el Instituto Nacional de Rehabilitación del Sur para desarrollar diversas ayudas técnicas.

Y aquí comparto los resultados de un proyecto que considero particularmente de interés para mejorar la accesibilidad académica: el diseño de una impresora braille de bajo costo.

Cerca del cierre del ciclo lectivo, es una excelente oportunidad para revisar la propia práctica y la planificación de las asignaturas del próximo año en clave de accesibilidad. Empezar con pequeñas decisiones, del tipo ¿cómo puedo mejorar la accesibilidad en mi aula? ¿en qué formatos puedo ofrecer los materiales de estudio para quienes tienen comunicación, comprensión o movilidad reducidas? ¿quiénes están trabajando en estos temas y pueden colaborar con nuestra escuela?

Espero y deseo que en nuestros árboles navideños coloquemos por lo menos una de estas pequeñas decisiones para el 2017.

 

 

 

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Accesibilidad, una cuestión de derechos humanos

A menudo nuestro pasado interpela al presente. Terrores, miserias y desamparos de un ayer remoto nos despiertan en un escenario totalmente diferente. Conductas no sólo aceptadas, valoradas y alentadas en un paradigma ya superado no son admisibles en otro que, cronológicamente se pueden solapar pero que son bien diferentes, hasta casi antagónicos).

Aceptando con paz que ningún paradigma es perfecto y absolutamente cerrado en sí mismo, sino que requiere ser revisado a la luz de las complejas dinámicas sociales, es necesario revisar nuestras prácticas periódicamente. La accesibilidad es una cuestión de derechos humanos. Es urgente para asegurar los derechos de las personas con discapacidad. Pero necesarias para mejorar la calidad de vida de toda la sociedad.

Entre nosotros, en este aquí y ahora, no se nos cruza por la mente pensar que el embarazo sea una discapacidad. Sin embargo, una señora “muy embarazada” no puede acceder a las ofertas de los alimentos saludables o pañales para su bebé en camino si estos están en el estante inferior de las góndolas en los supermercados. Aunque puede pagarlos y su condición de salud no es una discapacidad, no puede acceder a ellos.

Hoy es “políticamente correcto” decir que las personas con discapacidad tienen derechos. Está incorporado en los discursos. Pero aún no permea en los hechos. Cuando hablamos de “accesibilidad en la educación” irremediablemente nos remiten a la llamada “Educación Especial”, a los “alumnos con discapacidad”. Y con mayor énfasis en la “discapacidad que se nota”, esa que mueve a la compasión inmediata. Entonces, el “acceso a los derechos” se corre y se esconde para dar paso a la lástima, la limosna, el beneficio.

La accesibilidad como cuestión de derechos humanos hace visible las necesidades de cada persona con discapacidad. Y también desnuda las barreras ocultas para todos los demás.

En esto me dejó pensando esta historia basada en un popular videojuego (me apena informar que el video no cuenta con audiotexto).

Accesibilidad, una cuestión de derechos humanos

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Hace unos días, Matías Sánchez Caballero compartió en su muro de Facebook una carta dirigida al periódico ABC digital. Y como suele suceder en tiempos de redes sociales, sus amigos no dejamos pasar la oportunidad de comentar y reflexionar sobre la visibilidad de ciertas discapacidades y lo invisible de muchas otras. En particular, el caso de las personas con baja visión.

Surgieron situaciones vinculadas con el turismo accesible, museos accesibles, visitas guiadas accesibles a los museos, etc. Con un patrón emergente: los problemas de accesibilidad se resuelven con rampas, ascensores y textos en sistema braille. Y si bien en Argentina la Vicepresidente y el Ministro de Trabajo no evitan ser mostrados en sus sillas de ruedas, por ahora todo sigue siendo declamación y poca acción. Algunos intendentes (alcaldes) se jactan de que sus ciudades son accesibles. Pero las calles y veredas están destruidas, las rampas existen, pero no son funcionales.

Mi ciudad, según informan, es la que mayor densidad de población de adultos mayores tiene en Sudamérica. Y estos adultos procuran ser lo más autónomos que su salud… y la ciudad les permite. Se las ingeniaron para contar con sillas de ruedas y andadores hechos para su necesidad. Y aquí es donde todas las pretensiones de estandarizar las tecnologías de apoyo se estrellan con el muro de los “ajustes razonables” que requiere cada persona para desenvolverse en la comunidad y ejercer plenamente sus derechos en situación de equidad de oportunidades.

No todo se resuelve con rampas, ascensores y textos escritos en sistema braille. Hay personas con movilidad reducidas que no utilizan sillas de ruedas o bastones blancos. Matías señala criteriosamente, que la mayoría de las personas con discapacidad visual no son ciegas. Padecen baja visión. Hemos naturalizado que una persona que usa bastón blanco es ciega. Una que usa anteojos muy gruesos tiene baja visión. Pero la mayoría de las personas con baja visión no necesitan bastón (blanco o verde, dejo la discusión para otra entrada del blog). Eso vuelve invisible su discapacidad. Y de nuevo, la imposibilidad de estandarizar soluciones tecnológicas de apoyo para estas personas.

Dicen que “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Predicamos los buenos y potentes valores de la inclusión (social, educativa, digital, civica, y afines). Pero, puestos manos a la obra, ¿tenemos la suficiente humildad como para pedir ayuda a quienes saben?

Matías insiste en que la accesibilida empieza antes de que una persona salga de su casa o antes de encender cualquier dispositivo. Creo que la accesibilidad empieza en la mesa del diseñador de entornos, servicios o productos. Y sigue en el escritorio del funcionario o el escaño del legislador.

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Los desafíos de cuidar una paz chiquita y frágil

En una entrada anterior compartía mis reflexiones sobre el proceso de paz en una sociedad lastimada por el conflicto armado: Colombia. El 26 de septiembre muchos celebramos con gran alegría la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Y el 2 de octubre, muchos se apenaron por el resultado del plesbiscito que rechazó tal acuerdo.

Sin inmiscuirme en los asuntos nacionales de un país hermano, del que no conozco con toda la profundidad y detalle que merecen, me quedé pensando cómo pueden seguir las cosas a partir del “día después”.

La clave pasaría por entender con plena claridad lo que el pueblo colombiano manifestó con su NO. A la distancia, ese NO, retumbó en mis oídos evocando el “Nunca más” con que el fiscal Strassera cerró su alegato en el Juicio a las Juntas Militares de la última dictadura.

Colombia ha vivido por más de medio siglo las atrocidades de un enfrentamiento armado atroz. Está llena de heridas y cicatrices que requieren de tiempo y paciencia para recuperarse. La paz duradera necesita construirse entre todos con verdad, memoria y justicia.

El NO que mostraron las urnas no es un “no a la paz”. Antes bien, es un reclamo de justicia que exige que se convoque a todos los involucrados, cerca de ellos y no que convoque a unos pocos en otro país. Un docuento de casi 300 páginas no es legible ni accesible para el común de los ciudadanos. Sólo su extensión levanta sospechas de trampas escondidas.

En esta nueva etapa post plesbiscito es necesario revisar lo que se hizo y hacer mejoras sustanciales. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es el lema de la Organización Mundial de las Personas con Discapacidad. Pero aplica perfectamente a cualquier grupo que considera que sus derechos fueron vulnerados. Como en Colombia, el derecho a la paz, a la verdad y a la justicia.

Los desafíos de cuidar una paz chiquita y frágil