Invertir en formación docente sin despilfarrar recursos

A partir de un artículo compartido por Alberto Cañas, retomo una menuda cuestión: cantidad y calidad pueden ir de la mano, en tanto cuanto se planifique con cuidado los dispositivos de formación permanente para los docente. No tengo acceso a una investigación equivalente a la de TNTP en Argentina para los últimos cinco años, cuando desde el Programa Conectar Igualdad se ofrecieron capacitaciones masivas virtuales y presenciales de alcance nacional. Pero a la luz de los resultados observados, surge inquietante una pregunta: ¿cuál es el impacto real en las aulas concretas de esta oferta? ¿en qué proporción mejoran las prácticas de los docentes que transitaron estos itinerarios? ¿cómo mejoró el aprendizaje de los alumnos?
Quizá, como conversábamos con Marisa Conde, el eje no pase por la cantidad de dispositivos formativos ofrecidos o la cantidad de docentes inscriptos en esos dispositivos. Probablemente, el diseño debería enfocarse en la aplicación en las aulas concretas del docente y los resultados allí obtenidos. Y desde allí, evaluar los aprendizajes como apropiaciones del conocimiento.
Estos resultados deberían tener estrecha correlación en la carrera docente. No necesariamente debe ser remunerativo. Sí tendría que ser bastante más que asignar puntaje en los antecedentes. No creo que sea cuestión de ofrecer mucho, sino de verificar que lo ofrecido resuelve genuinamente las necesidades sentidas por la comunidad.

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