El rol de las TIC en una cultura digital

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para otros).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” TIC se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Después de experiencias intensas con maestros de la talla de Alicia Camilloni en su reciente Seminario “Epistemología de la Didáctica” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, la escucha atenta de las experiencias de Mariana Maggio en su cátedra “Fundamentos de Tecnología Educativa” de la Universidad de Buenos Aires y un intercambio entre Vera Rexach (OEI – Ibertic) y Selín Carrasco Universidad Futura) en las redes sociales resuenan diferente. Abren la mente para posicionarse en otros lugares, otros puntos de vista, otras perspectivas. Y prefiero “otros” a “nuevos”.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura. Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning. Los dispositivos se multiplican y el aprendizaje se vuelve ubicuo.

Con más razón y energía es necesario pensar las prácticas docentes en clave de accesibilidad en multiplicidad de entornos virtuales.

El rol de las TIC en una cultura digital

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Aprender haciendo es quizá la mejor forma de aprender. Y si ese “haciendo” ocurre en el contexto de la institución educativa, con un fuerte compromiso social para mejorar la calidad de vida de las personas, la calidad de ese aprendizaje es superior.

Es mucho y bueno lo que se está haciendo en las instituciones educativas argentinas. En la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 3 de Mar del Plata pude observar el prototipo de un semáforo adaptado para personas con visión o audición reducidas. El proyecto fue liderado por el Prof. Cristian García.

Los medios periodísticos también difundieron los resultados del Aprendizaje Basado en Problemas que realizan los estudiantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata atendiendo casos propuestos por el Instituto Nacional de Rehabilitación del Sur para desarrollar diversas ayudas técnicas.

Y aquí comparto los resultados de un proyecto que considero particularmente de interés para mejorar la accesibilidad académica: el diseño de una impresora braille de bajo costo.

Cerca del cierre del ciclo lectivo, es una excelente oportunidad para revisar la propia práctica y la planificación de las asignaturas del próximo año en clave de accesibilidad. Empezar con pequeñas decisiones, del tipo ¿cómo puedo mejorar la accesibilidad en mi aula? ¿en qué formatos puedo ofrecer los materiales de estudio para quienes tienen comunicación, comprensión o movilidad reducidas? ¿quiénes están trabajando en estos temas y pueden colaborar con nuestra escuela?

Espero y deseo que en nuestros árboles navideños coloquemos por lo menos una de estas pequeñas decisiones para el 2017.

 

 

 

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Accesibilidad, una cuestión de derechos humanos

A menudo nuestro pasado interpela al presente. Terrores, miserias y desamparos de un ayer remoto nos despiertan en un escenario totalmente diferente. Conductas no sólo aceptadas, valoradas y alentadas en un paradigma ya superado no son admisibles en otro que, cronológicamente se pueden solapar pero que son bien diferentes, hasta casi antagónicos).

Aceptando con paz que ningún paradigma es perfecto y absolutamente cerrado en sí mismo, sino que requiere ser revisado a la luz de las complejas dinámicas sociales, es necesario revisar nuestras prácticas periódicamente. La accesibilidad es una cuestión de derechos humanos. Es urgente para asegurar los derechos de las personas con discapacidad. Pero necesarias para mejorar la calidad de vida de toda la sociedad.

Entre nosotros, en este aquí y ahora, no se nos cruza por la mente pensar que el embarazo sea una discapacidad. Sin embargo, una señora “muy embarazada” no puede acceder a las ofertas de los alimentos saludables o pañales para su bebé en camino si estos están en el estante inferior de las góndolas en los supermercados. Aunque puede pagarlos y su condición de salud no es una discapacidad, no puede acceder a ellos.

Hoy es “políticamente correcto” decir que las personas con discapacidad tienen derechos. Está incorporado en los discursos. Pero aún no permea en los hechos. Cuando hablamos de “accesibilidad en la educación” irremediablemente nos remiten a la llamada “Educación Especial”, a los “alumnos con discapacidad”. Y con mayor énfasis en la “discapacidad que se nota”, esa que mueve a la compasión inmediata. Entonces, el “acceso a los derechos” se corre y se esconde para dar paso a la lástima, la limosna, el beneficio.

La accesibilidad como cuestión de derechos humanos hace visible las necesidades de cada persona con discapacidad. Y también desnuda las barreras ocultas para todos los demás.

En esto me dejó pensando esta historia basada en un popular videojuego (me apena informar que el video no cuenta con audiotexto).

Accesibilidad, una cuestión de derechos humanos

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Hace unos días, Matías Sánchez Caballero compartió en su muro de Facebook una carta dirigida al periódico ABC digital. Y como suele suceder en tiempos de redes sociales, sus amigos no dejamos pasar la oportunidad de comentar y reflexionar sobre la visibilidad de ciertas discapacidades y lo invisible de muchas otras. En particular, el caso de las personas con baja visión.

Surgieron situaciones vinculadas con el turismo accesible, museos accesibles, visitas guiadas accesibles a los museos, etc. Con un patrón emergente: los problemas de accesibilidad se resuelven con rampas, ascensores y textos en sistema braille. Y si bien en Argentina la Vicepresidente y el Ministro de Trabajo no evitan ser mostrados en sus sillas de ruedas, por ahora todo sigue siendo declamación y poca acción. Algunos intendentes (alcaldes) se jactan de que sus ciudades son accesibles. Pero las calles y veredas están destruidas, las rampas existen, pero no son funcionales.

Mi ciudad, según informan, es la que mayor densidad de población de adultos mayores tiene en Sudamérica. Y estos adultos procuran ser lo más autónomos que su salud… y la ciudad les permite. Se las ingeniaron para contar con sillas de ruedas y andadores hechos para su necesidad. Y aquí es donde todas las pretensiones de estandarizar las tecnologías de apoyo se estrellan con el muro de los “ajustes razonables” que requiere cada persona para desenvolverse en la comunidad y ejercer plenamente sus derechos en situación de equidad de oportunidades.

No todo se resuelve con rampas, ascensores y textos escritos en sistema braille. Hay personas con movilidad reducidas que no utilizan sillas de ruedas o bastones blancos. Matías señala criteriosamente, que la mayoría de las personas con discapacidad visual no son ciegas. Padecen baja visión. Hemos naturalizado que una persona que usa bastón blanco es ciega. Una que usa anteojos muy gruesos tiene baja visión. Pero la mayoría de las personas con baja visión no necesitan bastón (blanco o verde, dejo la discusión para otra entrada del blog). Eso vuelve invisible su discapacidad. Y de nuevo, la imposibilidad de estandarizar soluciones tecnológicas de apoyo para estas personas.

Dicen que “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Predicamos los buenos y potentes valores de la inclusión (social, educativa, digital, civica, y afines). Pero, puestos manos a la obra, ¿tenemos la suficiente humildad como para pedir ayuda a quienes saben?

Matías insiste en que la accesibilida empieza antes de que una persona salga de su casa o antes de encender cualquier dispositivo. Creo que la accesibilidad empieza en la mesa del diseñador de entornos, servicios o productos. Y sigue en el escritorio del funcionario o el escaño del legislador.

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Los desafíos de cuidar una paz chiquita y frágil

En una entrada anterior compartía mis reflexiones sobre el proceso de paz en una sociedad lastimada por el conflicto armado: Colombia. El 26 de septiembre muchos celebramos con gran alegría la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Y el 2 de octubre, muchos se apenaron por el resultado del plesbiscito que rechazó tal acuerdo.

Sin inmiscuirme en los asuntos nacionales de un país hermano, del que no conozco con toda la profundidad y detalle que merecen, me quedé pensando cómo pueden seguir las cosas a partir del “día después”.

La clave pasaría por entender con plena claridad lo que el pueblo colombiano manifestó con su NO. A la distancia, ese NO, retumbó en mis oídos evocando el “Nunca más” con que el fiscal Strassera cerró su alegato en el Juicio a las Juntas Militares de la última dictadura.

Colombia ha vivido por más de medio siglo las atrocidades de un enfrentamiento armado atroz. Está llena de heridas y cicatrices que requieren de tiempo y paciencia para recuperarse. La paz duradera necesita construirse entre todos con verdad, memoria y justicia.

El NO que mostraron las urnas no es un “no a la paz”. Antes bien, es un reclamo de justicia que exige que se convoque a todos los involucrados, cerca de ellos y no que convoque a unos pocos en otro país. Un docuento de casi 300 páginas no es legible ni accesible para el común de los ciudadanos. Sólo su extensión levanta sospechas de trampas escondidas.

En esta nueva etapa post plesbiscito es necesario revisar lo que se hizo y hacer mejoras sustanciales. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es el lema de la Organización Mundial de las Personas con Discapacidad. Pero aplica perfectamente a cualquier grupo que considera que sus derechos fueron vulnerados. Como en Colombia, el derecho a la paz, a la verdad y a la justicia.

Los desafíos de cuidar una paz chiquita y frágil

Una paz chiquita, imperfecta, en pañales ha llegado hoy

La paz es un regalo que se nos da en un envase pequeñito y frágil. Pero es muy poderosa: es capaz de cambiar corazones y transformar sociedades. Casi como un bebé que nos ponen en los brazos.

Y como todo bebé recién nacido, reclama atención y cuidado constante. Eso incluye alimentarlo y cambiar pañales. Supone tenerle paciencia, aprender a comunicarnos de otra manera.

La paz es promesa que requiere renovar con alegría el primer Sí.

Una sociedad que elige pacificarse aprende sobre la marcha. Avances, retrocesos, debilidades y grandezas. Una paz frágil que hasta un pequeño gesto puede quebrarla. Vivir en paz es elegir aprender, perdonar y tener memoria.

Para mis amigos en Colombia y en especial para aquellos que sufrieron intensamente el conflicto armado, en un histórico día.

Día de nacimiento, con todo lo que un nacimiento trae consigo.

Una paz chiquita, imperfecta, en pañales ha llegado hoy

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Por su urgencia y prioridad, mucho se está escribiendo y haciendo para mejorar las prácticas docentes en el marco de la Educación Inclusiva. Podemos observar propuestas de políticas públicas que favorezcan el acceso a la educación, la actualización y el perfeccionamiento de los docentes y adecuación de la infraestructura para garantizar la mejor educación posible para todos.

Sin embargo, notamos un área vacante: el de las prácticas docentes en clave de accesibilidad.  Proponemos revisar la propia práctica detectando las barreras que perturban o impiden el acceso a la información y el conocimiento por parte de personas con movilidad, comprensión y comunicación reducidas. Incluye a las personas con discapacidad pero también a otros grupos que quedan “invisibles” o en penumbras.

Veamos esta situación: un estudiante universitario miembro de uno de los tantos pueblos originarios de nuestra América. Su lengua materna no es el español (el idioma “oficial” de la universidad en la que está matriculado). El diseño curricular, el desarrollo de las disciplinas involucradas y su didáctica pertenecen a una cultura ajena a la de nuestro estudiante ¿Cómo evaluar con equidad el rendimiento académico de este estudiante que toma clases de “Análisis Matemático” (con fuertes resabios de la escolástica, la lógica aristotélica en el que se basan conceptos como el de límite y derivada)?

En modo alguno la diversidad ética es una discapacidad. Pero podemos advertir fácilmente cómo su comprensión y comunicación se ven reducidas con respecto de sus compañeros.

Crear espacios de reflexión y comunidades de aprendizaje y prácticas que incluyan la revisión de la propia práctica orientada a detectar barreras a la accesibilidad es el primer paso para inducir cambios y transformaciones que se sostienen en el tiempo.

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente