Educación y ¿nuevas? ¿otras? TIC

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para quienes buscaban destacar).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” Tecnologías de la Información y la Comunicación se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura (Selin Carrasco). Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning.

¿Cuáles serán los soportes que se consoliden en los próximos años? ¿seguiremos pensando el “aula virtual” como la virtualización de las prácticas en el aula presencial?

Anuncios

Construcción de la identidad de la universidad en el siglo 21

En la clase de hoy presentaron el libro de Clark Kerr, “Os Usos da Universidade – Universidade Em Questão”. Un texto interesante por los múltiples niveles de lectura que ofrece: historia de la educación superior desde la perspectiva del autor, protagonista de los cambios en la UC Berkley en los sesentas y setentas, el vínculo de la universidad con la comunidad (el concepto de multiversidad) y el ejercicio metacognitivo que ofrece a partir de conferencias en tiempos clave sobre los distintos modelos de universidad y la identidad de una universidad como “organización vivible”.

Me llevo “para la rumia”, (esa meditación profunda simiente de nuevos saberes) las palabras del Prof. Pedro Melo: ¿es posible pensar un modelo de universidad con “personalidad propia?

A vuela pluma, creo que si. El modelo de universidad (inglesa, francesa, alemana) es un punto de partida para pensar el rol de la universidad en el siglo 21. Pero esa universidad es hija de su tiempo. Pudo haber nacido con una fuerte impronta humanista (al estilo inglés propiciado por Newman) o profesionalista (inspirado en la napoleónica). Pero en este “aquí y ahora”, estos escenarios cambiaron. No sólo cambiaron las ideas. También las tecnologías hicieron lo suyo: la ubicuidad ya no se limita al aprendizaje, alcanza también a la gestión.

Solemos decir que la universidad produce conocimiento  avanzado (investigación), pero también forma personas altamente capacitadas para resolver problemas complejos (docencia) y asumir un fuerte compromiso para con la comunidad en la que está inserta (extensión). Las decisiones que van tomando las sucesivas gestiones van construyendo el futuro. Y como se puede construir, vale la pena planificar estratégicamente con mucho cuidado, pensando prospectivamente.

Esta idea no es nueva. Subyace en la Reforma Universitaria de Córdoba  es un hito crucial en la historia de la educación superior. Muchas de las banderas enarboladas en el Manifiesto fueron tomadas como propias en el Mayo Francés cincuenta años más tarde.  Y que hoy pueden (y deben) ser revisadas desde el contexto de cada universidad.

Para que esta revisión sea fecunda, es importante desarmar prejuicios. Y aprovechando que en el día de hoy el autodenominado “conjunto de instrumentos informales” Les Luthiers obtuvo el premio de la Fundación Princesa de Asturias, me permito compartir “Rhapsody in balls“, fragmento de su espectáculo “Lutherapia”, donde desde el humor se advierte la transición del prejuicio a la construcción de algo nuevo, respetando orígenes e identidades.

¿Seguimos pensando juntos?

Lo extraño en lo cotidiano

Lo extraño produce sensaciones diversas entre las personas. Ser diferente al resto puede estigmatizarte, excluírte, segregarte, ponerte como ejemplo para otros extraños como tú. Algunos proponen “ponerte en sus zapatos” o que aprendas lecciones de vida de los “modelos a seguir”, como si eso bastara para calmar la angustia de encontrarte con “uno diferente a tí”. (recomiendo lean a Carlos Mattos, que escribe mucho y bueno sobre este asunto).
Hablamos mucho de diversidad, pero no queremos corrernos de nuestra zona de confort. A veces, pocas veces, la voz de los extraños sale más allá de su círculo y por esas cosas del destino (o de Hollywood) llegan a más personas. A más “gente como uno”. Como la historia de RJ Mitte.
Nos fascinan las historias de héroes y heroínas. Cómo son capaces de levantarse más alto que todos, después de haber caído más bajo que todos. Pero nos cuesta ver cuántos han quedado en el camino. Somos una sociedad que ama el éxito y castiga el fracaso. Más bien, castigan a los “éxitos cortitos” con la etiqueta del fracaso. Olvidan que el fracaso no es más que la oportunidad de comenzar de nuevo, pero con más inteligencia (“Failure is only the opportunity to begin again, this time more intelligently. There is no disgrace in honest failure; there is disgrace in fearing to fail“).
Es un buen momento para empezar a ver desde otra perspectiva. La de quienes lo intentan, sin ánimo de ser héroes, obtener premios o medallas. Simplemente, porque quieren una mejor sociedad.
 
 

Accesibilidad, equidad de género y escritura

Ciertamente, el lenguaje refleja más que lo que las palabras dicen. Es un problema de los lingüistas revisar los usos correctos del idioma para que reflejen la equidad de género y la no discriminación por cuestiones tanto de género como por discapacidad. Cuando este problema sale de la academia y llega a la calle, las personas lo convierten en una necesidad sentida. Y buscan sus propias soluciones. No está mal, pero algunas de esas soluciones generan más problemas que el que se quiere resolver.

Una primera acción positiva que pueden hacer las personas es ampliar su vocabulario y utilizar (cuando corresponda) palabras neutras para denotar género. Un ejemplo. Si estoy refiriéndome a quienes estan realizando un curso puedo elegir “alumnos y alumnas” o bien “estudiantes”. En este caso, como docentes, también estamos reforzando lo que aprendieron en “Prácticas del Lenguaje”, sino también mostrar recursos TIC muy interesantes como los diccionarios en línea para buscar sinónimos.

En los últimos años en el mundo académico se puso de moda reemplazar las “a” y las “o” por otros caracteres como por ejemplo “@” y “x”. El resultado, desastroso. Las personas (excepto en su etapa de alfabetización) no leen palabras sino patrones emergentes. Por eso pueden comprender mensajes donde faltan letras o están escritas al revés (Facebook está lleno de estos ejemplos en sus memes).

Nuestros cerebros no están entrenados aún para reemplazar las vocales por el arroba o la x. Si con alguna dificultad pueden comprender el significado de “Bienvenid@s” (arroba se parece bastante a una vocal), con “Bienvenidxs” un cerebro ya bien alfabetizado emite una señal de alerta por falta de ortografia. Y para colmo, se dan situaciones de uso que rayan en el ridículo. En un texto “inclusivo” usado en el Taller de Escritura Académica de uno de los postítulos que ofrece el Instituto Nacional de Formación Docente se pudo leer esto: “Lxs sujetxs”, que según esta corriente de pensamiento sobre escritura inclusiva debería leerse “Los sujetos y las sujetas”…

Estos ejemplos muestran problemas que alcanzan a todos las personas, con o sin discapacidad. En este segundo grupo, las cosas se ponen peor. Si la persona tiene comprensión reducida, le complicamos innecesariamente el acceso al texto. Estas innovaciones profundizan su problema de comprensión. Y si es usuaria de lector de pantalla, el mensaje queda confuso, ya que esa persona escucharía “bienvenidarrobas” o “bienvenideks”.

Resumendo, el problema de la escritura que respete la equidad de género es grave y requiere que los lingüistas y filólogos hagan un trabajo serio y exhaustivo. Mientras tanto, los docentes podemos trabajar con eso simplificando la escritura (el uso de términos neutros para denotar género) o bien respetando las normas del buen escribir vigentes pero con un fuerte trabajo en clase y en casa sobre la cuestión de fondo. La violencia de género no se resuelve con @ o x que entorpecen la lectura, sino inculcando valores desde “la panza”.

El rol de las TIC en una cultura digital

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para otros).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” TIC se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Después de experiencias intensas con maestros de la talla de Alicia Camilloni en su reciente Seminario “Epistemología de la Didáctica” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, la escucha atenta de las experiencias de Mariana Maggio en su cátedra “Fundamentos de Tecnología Educativa” de la Universidad de Buenos Aires y un intercambio entre Vera Rexach (OEI – Ibertic) y Selín Carrasco Universidad Futura) en las redes sociales resuenan diferente. Abren la mente para posicionarse en otros lugares, otros puntos de vista, otras perspectivas. Y prefiero “otros” a “nuevos”.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura. Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning. Los dispositivos se multiplican y el aprendizaje se vuelve ubicuo.

Con más razón y energía es necesario pensar las prácticas docentes en clave de accesibilidad en multiplicidad de entornos virtuales.

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Aprender haciendo es quizá la mejor forma de aprender. Y si ese “haciendo” ocurre en el contexto de la institución educativa, con un fuerte compromiso social para mejorar la calidad de vida de las personas, la calidad de ese aprendizaje es superior.

Es mucho y bueno lo que se está haciendo en las instituciones educativas argentinas. En la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 3 de Mar del Plata pude observar el prototipo de un semáforo adaptado para personas con visión o audición reducidas. El proyecto fue liderado por el Prof. Cristian García.

Los medios periodísticos también difundieron los resultados del Aprendizaje Basado en Problemas que realizan los estudiantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata atendiendo casos propuestos por el Instituto Nacional de Rehabilitación del Sur para desarrollar diversas ayudas técnicas.

Y aquí comparto los resultados de un proyecto que considero particularmente de interés para mejorar la accesibilidad académica: el diseño de una impresora braille de bajo costo.

Cerca del cierre del ciclo lectivo, es una excelente oportunidad para revisar la propia práctica y la planificación de las asignaturas del próximo año en clave de accesibilidad. Empezar con pequeñas decisiones, del tipo ¿cómo puedo mejorar la accesibilidad en mi aula? ¿en qué formatos puedo ofrecer los materiales de estudio para quienes tienen comunicación, comprensión o movilidad reducidas? ¿quiénes están trabajando en estos temas y pueden colaborar con nuestra escuela?

Espero y deseo que en nuestros árboles navideños coloquemos por lo menos una de estas pequeñas decisiones para el 2017.

 

 

 

Accesibilidad, una cuestión de derechos humanos

A menudo nuestro pasado interpela al presente. Terrores, miserias y desamparos de un ayer remoto nos despiertan en un escenario totalmente diferente. Conductas no sólo aceptadas, valoradas y alentadas en un paradigma ya superado no son admisibles en otro que, cronológicamente se pueden solapar pero que son bien diferentes, hasta casi antagónicos).

Aceptando con paz que ningún paradigma es perfecto y absolutamente cerrado en sí mismo, sino que requiere ser revisado a la luz de las complejas dinámicas sociales, es necesario revisar nuestras prácticas periódicamente. La accesibilidad es una cuestión de derechos humanos. Es urgente para asegurar los derechos de las personas con discapacidad. Pero necesarias para mejorar la calidad de vida de toda la sociedad.

Entre nosotros, en este aquí y ahora, no se nos cruza por la mente pensar que el embarazo sea una discapacidad. Sin embargo, una señora “muy embarazada” no puede acceder a las ofertas de los alimentos saludables o pañales para su bebé en camino si estos están en el estante inferior de las góndolas en los supermercados. Aunque puede pagarlos y su condición de salud no es una discapacidad, no puede acceder a ellos.

Hoy es “políticamente correcto” decir que las personas con discapacidad tienen derechos. Está incorporado en los discursos. Pero aún no permea en los hechos. Cuando hablamos de “accesibilidad en la educación” irremediablemente nos remiten a la llamada “Educación Especial”, a los “alumnos con discapacidad”. Y con mayor énfasis en la “discapacidad que se nota”, esa que mueve a la compasión inmediata. Entonces, el “acceso a los derechos” se corre y se esconde para dar paso a la lástima, la limosna, el beneficio.

La accesibilidad como cuestión de derechos humanos hace visible las necesidades de cada persona con discapacidad. Y también desnuda las barreras ocultas para todos los demás.

En esto me dejó pensando esta historia basada en un popular videojuego (me apena informar que el video no cuenta con audiotexto).