Accesibilidad, equidad de género y escritura

Ciertamente, el lenguaje refleja más que lo que las palabras dicen. Es un problema de los lingüistas revisar los usos correctos del idioma para que reflejen la equidad de género y la no discriminación por cuestiones tanto de género como por discapacidad. Cuando este problema sale de la academia y llega a la calle, las personas lo convierten en una necesidad sentida. Y buscan sus propias soluciones. No está mal, pero algunas de esas soluciones generan más problemas que el que se quiere resolver.

Una primera acción positiva que pueden hacer las personas es ampliar su vocabulario y utilizar (cuando corresponda) palabras neutras para denotar género. Un ejemplo. Si estoy refiriéndome a quienes estan realizando un curso puedo elegir “alumnos y alumnas” o bien “estudiantes”. En este caso, como docentes, también estamos reforzando lo que aprendieron en “Prácticas del Lenguaje”, sino también mostrar recursos TIC muy interesantes como los diccionarios en línea para buscar sinónimos.

En los últimos años en el mundo académico se puso de moda reemplazar las “a” y las “o” por otros caracteres como por ejemplo “@” y “x”. El resultado, desastroso. Las personas (excepto en su etapa de alfabetización) no leen palabras sino patrones emergentes. Por eso pueden comprender mensajes donde faltan letras o están escritas al revés (Facebook está lleno de estos ejemplos en sus memes).

Nuestros cerebros no están entrenados aún para reemplazar las vocales por el arroba o la x. Si con alguna dificultad pueden comprender el significado de “Bienvenid@s” (arroba se parece bastante a una vocal), con “Bienvenidxs” un cerebro ya bien alfabetizado emite una señal de alerta por falta de ortografia. Y para colmo, se dan situaciones de uso que rayan en el ridículo. En un texto “inclusivo” usado en el Taller de Escritura Académica de uno de los postítulos que ofrece el Instituto Nacional de Formación Docente se pudo leer esto: “Lxs sujetxs”, que según esta corriente de pensamiento sobre escritura inclusiva debería leerse “Los sujetos y las sujetas”…

Estos ejemplos muestran problemas que alcanzan a todos las personas, con o sin discapacidad. En este segundo grupo, las cosas se ponen peor. Si la persona tiene comprensión reducida, le complicamos innecesariamente el acceso al texto. Estas innovaciones profundizan su problema de comprensión. Y si es usuaria de lector de pantalla, el mensaje queda confuso, ya que esa persona escucharía “bienvenidarrobas” o “bienvenideks”.

Resumendo, el problema de la escritura que respete la equidad de género es grave y requiere que los lingüistas y filólogos hagan un trabajo serio y exhaustivo. Mientras tanto, los docentes podemos trabajar con eso simplificando la escritura (el uso de términos neutros para denotar género) o bien respetando las normas del buen escribir vigentes pero con un fuerte trabajo en clase y en casa sobre la cuestión de fondo. La violencia de género no se resuelve con @ o x que entorpecen la lectura, sino inculcando valores desde “la panza”.

Accesibilidad, equidad de género y escritura

El rol de las TIC en una cultura digital

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para otros).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” TIC se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Después de experiencias intensas con maestros de la talla de Alicia Camilloni en su reciente Seminario “Epistemología de la Didáctica” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, la escucha atenta de las experiencias de Mariana Maggio en su cátedra “Fundamentos de Tecnología Educativa” de la Universidad de Buenos Aires y un intercambio entre Vera Rexach (OEI – Ibertic) y Selín Carrasco Universidad Futura) en las redes sociales resuenan diferente. Abren la mente para posicionarse en otros lugares, otros puntos de vista, otras perspectivas. Y prefiero “otros” a “nuevos”.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura. Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning. Los dispositivos se multiplican y el aprendizaje se vuelve ubicuo.

Con más razón y energía es necesario pensar las prácticas docentes en clave de accesibilidad en multiplicidad de entornos virtuales.

El rol de las TIC en una cultura digital

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Aprender haciendo es quizá la mejor forma de aprender. Y si ese “haciendo” ocurre en el contexto de la institución educativa, con un fuerte compromiso social para mejorar la calidad de vida de las personas, la calidad de ese aprendizaje es superior.

Es mucho y bueno lo que se está haciendo en las instituciones educativas argentinas. En la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 3 de Mar del Plata pude observar el prototipo de un semáforo adaptado para personas con visión o audición reducidas. El proyecto fue liderado por el Prof. Cristian García.

Los medios periodísticos también difundieron los resultados del Aprendizaje Basado en Problemas que realizan los estudiantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata atendiendo casos propuestos por el Instituto Nacional de Rehabilitación del Sur para desarrollar diversas ayudas técnicas.

Y aquí comparto los resultados de un proyecto que considero particularmente de interés para mejorar la accesibilidad académica: el diseño de una impresora braille de bajo costo.

Cerca del cierre del ciclo lectivo, es una excelente oportunidad para revisar la propia práctica y la planificación de las asignaturas del próximo año en clave de accesibilidad. Empezar con pequeñas decisiones, del tipo ¿cómo puedo mejorar la accesibilidad en mi aula? ¿en qué formatos puedo ofrecer los materiales de estudio para quienes tienen comunicación, comprensión o movilidad reducidas? ¿quiénes están trabajando en estos temas y pueden colaborar con nuestra escuela?

Espero y deseo que en nuestros árboles navideños coloquemos por lo menos una de estas pequeñas decisiones para el 2017.

 

 

 

Accesibilidad y compromiso social de las instituciones educativas

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Hace unos días, Matías Sánchez Caballero compartió en su muro de Facebook una carta dirigida al periódico ABC digital. Y como suele suceder en tiempos de redes sociales, sus amigos no dejamos pasar la oportunidad de comentar y reflexionar sobre la visibilidad de ciertas discapacidades y lo invisible de muchas otras. En particular, el caso de las personas con baja visión.

Surgieron situaciones vinculadas con el turismo accesible, museos accesibles, visitas guiadas accesibles a los museos, etc. Con un patrón emergente: los problemas de accesibilidad se resuelven con rampas, ascensores y textos en sistema braille. Y si bien en Argentina la Vicepresidente y el Ministro de Trabajo no evitan ser mostrados en sus sillas de ruedas, por ahora todo sigue siendo declamación y poca acción. Algunos intendentes (alcaldes) se jactan de que sus ciudades son accesibles. Pero las calles y veredas están destruidas, las rampas existen, pero no son funcionales.

Mi ciudad, según informan, es la que mayor densidad de población de adultos mayores tiene en Sudamérica. Y estos adultos procuran ser lo más autónomos que su salud… y la ciudad les permite. Se las ingeniaron para contar con sillas de ruedas y andadores hechos para su necesidad. Y aquí es donde todas las pretensiones de estandarizar las tecnologías de apoyo se estrellan con el muro de los “ajustes razonables” que requiere cada persona para desenvolverse en la comunidad y ejercer plenamente sus derechos en situación de equidad de oportunidades.

No todo se resuelve con rampas, ascensores y textos escritos en sistema braille. Hay personas con movilidad reducidas que no utilizan sillas de ruedas o bastones blancos. Matías señala criteriosamente, que la mayoría de las personas con discapacidad visual no son ciegas. Padecen baja visión. Hemos naturalizado que una persona que usa bastón blanco es ciega. Una que usa anteojos muy gruesos tiene baja visión. Pero la mayoría de las personas con baja visión no necesitan bastón (blanco o verde, dejo la discusión para otra entrada del blog). Eso vuelve invisible su discapacidad. Y de nuevo, la imposibilidad de estandarizar soluciones tecnológicas de apoyo para estas personas.

Dicen que “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Predicamos los buenos y potentes valores de la inclusión (social, educativa, digital, civica, y afines). Pero, puestos manos a la obra, ¿tenemos la suficiente humildad como para pedir ayuda a quienes saben?

Matías insiste en que la accesibilida empieza antes de que una persona salga de su casa o antes de encender cualquier dispositivo. Creo que la accesibilidad empieza en la mesa del diseñador de entornos, servicios o productos. Y sigue en el escritorio del funcionario o el escaño del legislador.

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Por su urgencia y prioridad, mucho se está escribiendo y haciendo para mejorar las prácticas docentes en el marco de la Educación Inclusiva. Podemos observar propuestas de políticas públicas que favorezcan el acceso a la educación, la actualización y el perfeccionamiento de los docentes y adecuación de la infraestructura para garantizar la mejor educación posible para todos.

Sin embargo, notamos un área vacante: el de las prácticas docentes en clave de accesibilidad.  Proponemos revisar la propia práctica detectando las barreras que perturban o impiden el acceso a la información y el conocimiento por parte de personas con movilidad, comprensión y comunicación reducidas. Incluye a las personas con discapacidad pero también a otros grupos que quedan “invisibles” o en penumbras.

Veamos esta situación: un estudiante universitario miembro de uno de los tantos pueblos originarios de nuestra América. Su lengua materna no es el español (el idioma “oficial” de la universidad en la que está matriculado). El diseño curricular, el desarrollo de las disciplinas involucradas y su didáctica pertenecen a una cultura ajena a la de nuestro estudiante ¿Cómo evaluar con equidad el rendimiento académico de este estudiante que toma clases de “Análisis Matemático” (con fuertes resabios de la escolástica, la lógica aristotélica en el que se basan conceptos como el de límite y derivada)?

En modo alguno la diversidad ética es una discapacidad. Pero podemos advertir fácilmente cómo su comprensión y comunicación se ven reducidas con respecto de sus compañeros.

Crear espacios de reflexión y comunidades de aprendizaje y prácticas que incluyan la revisión de la propia práctica orientada a detectar barreras a la accesibilidad es el primer paso para inducir cambios y transformaciones que se sostienen en el tiempo.

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Accesibilidad y recursos educativos digitales: descubriendo otros formatos

Somos docentes comprometidos con la educación inclusiva y la accesibilidad. Manejamos las herramientas para crear recursos educativos digitales aunque nuestros conocimientos técnicos no son suficientes para validar el cumplimiento de las pautas de accesibilidad para recursos digitales. Sobre los recursos educativos accesibles hay mucho por aprender. Una forma de aprender es hacernos preguntas. Esta vez es sobre los formatos de los documentos que ponemos a disposición de nuestros alumnos.

Estamos preparando un material de lectura en soporte digital, ¿será imprimible o es estrictamente digital? ¿en qué dispositivos será leído? ¿incluye imágenes, tablas, gráficos o enlaces (al documento y fuera de él)? ¿tiene incrustado objetos multimedia, audio o videos? ¿requiere la instalación de un software específico para ser leído? ¿bajo qué licencia se encuentran los objetos que vamos a incorporar en nuestro material?

Otro recurso educativo que los docentes preparamos con frecuencia son los tutoriales. Y de nuevo, ¿será imprimible o estrictamente digital? ¿en qué dispositivo será leído? Si es video, ¿está subtitulado? ¿está sincronizado el texto con la imagen y el audio? ¿se escucha con claridad, sin ruidos ni interferencias? ¿la imagen es nítida y está enfocada en lo que queremos mostrar? ¿le servirá a un alumno con discapacidad visual? ¿y a otro con discapacidad auditiva?

En ambos casos, ¿por qué limitarse a un único modo de presentación y no aceptar complementarios. En el caso del material de lectura, archivos en formatos diferentes como *.doc, *.odt, *.pdf, *.epub ¿Nos animamos a preparar un audiolibro en MP3 o DAISY?

El docente creador de los materiales de estudio para sus alumnos debe considerar, además el diseño instruccional de su curso, aspectos técnicos y jurídicos.  Así que convido al que guste a buscar y hallar respuestas para alguna de estas cuestiones. La fundamentación nos ayudará a comprender mejor la complejidad del problema.

 

Accesibilidad y recursos educativos digitales: descubriendo otros formatos

Accesibilidad, discapacidad y tecnologías adaptativas

Una colega y amiga, Marisa Conde, compartió recientemente un documento titulado “Accesibilidad para discapacitados”. Sin proponérselo, su lectura me ayudó a organizar algunas ideas sueltas que daban vuelta buscando dónde y cómo caer. Y aquí comparto alguna de ellas.

Aunque parezca una cuestión lingüística, es necesario emplear los términos correctos para refererirnos a las personas con discapacidad. En una viñeta no exenta de humor, se decía que las “pizzas son especiales”, las “copas y los vasos tienen capacidades diferentes, pero si hablamos de personas, son eso, “personas con discapacidad”. Con más rigor, recomiendo la lectura del artículo que Matías Sánchez Caballero (1) publicó en el Observatorio de la Accesibilidad. Lo notable es que en el sitio del CyL Digital, el artículo (2) se denomina “Guía de programas para personas con discapacidad”, el nombre del archivo es “programasparapersonascondiscapacidad.pdf”, pero el documento enlazado se titula “Accesibilidad para discapacitados”.

Otro aspecto no menor es contextualizar la información contenida en el documento, ¿quién es su autor? ¿cuándo se escribió o publicó? ¿a quién va dirigida? De la URL se deduce que es un documento presentado por el Programa Castilla y León Comunidad Digital (CYL Digital) en la sección Ciudadano Digital. Con algo de maña, sabemos que el autor es Dinamizador2 y se publicó el 13 de agosto de 2011 y su url es http://www.cyldigital.es/articulo/guia-programas-para-personas-con-discapacidad. Un pequeño pero necesario ejercicio de alfabetización informacional para mejorar la comprensión lectora.

Este marco temporal no es menor: Las versiones de Windows más difundidas entonces eran Windows XP y Windows. Todavía reinaban los objetos flash (opacos para los lectores de pantalla).  Las tablets tenían apenas un año de vida. Los smartphones y la conectividad 3G no eran tan masivos. Hoy, Windows 10 está ganando una importante cuota de mercado, se adoptó el estandar HTML5 (3) para el desarrollo de contenido web, las tablets y los  smartphones ocupan una cuota mayor de mercado y requieren especificaciones de hardware y de software más exigentes con el uso de los recursos.

Para las personas con discapacidad, las tecnologías de apoyo son instrumentos que facilitan distintas actividades de la vida cotidiana. En general, el criterio para elegir una u otra herramienta adaptativa se basa en tres criterios:

  1. que sirva para resolver el problema,
  2. que pueda usarse en múltiples escenarios y situaciones y
  3. que sea estable.

Para los puntos 1 y 2, la aplicación debería ser lo más parecida a la navaja de origen suizo. Y para el último punto es necesario considerar la estabilidad del sistema operativo y la comunidad de desarrolladores que la sostiene.

Si la aplicación funciona bien con Windows XP, ¿por qué arriesgarse a migrar a Windows 10, cuando todavía el propio sistema operativo no es estable? Si la comunidad de desarrolladores es numerosa y muy activa, la probabilidad de que se hagan mejoras en el producto y se actualice a los nuevos requerimientos tanto de usuarios como de sistemas operativos será más alta. Comunidades pequeñas, cerradas o “atadas” a un emprendimiento comercial (salvo honrosas excepciones) no garantizan el desarrollo de la aplicación en el tiempo.

Una buena práctica a la hora de recomendar software es conocer los usos, costumbres y “mañas” de las personas que podrían utilizarlo. Entre las personas con discapacidad visual, los lectores de pantalla más difundidos son JAWS (software privativo) y NVDA (software libre). Ambas corren bajo Windows. Las alternativas para iOS (VoiceOver) y Linux (ORCA) tienen muy baja aceptación entre los distintos usuarios. Más allá de la reticencia para adoptar la “Siguiente Gran Innovación”, los cambios se aceptan en tanto supongan una mejora significativa en la calidad de vida del usuario.

A partir del lema de la Organización Mundial de las Personas con Discapacidad “Nada sobre nosotros sin nosotros”, podemos aportar valiosas contribuciones si estamos atentos a cómo cada quien vive su condición de salud y las estrategias adaptativas que desarrollan, aplicar las buenas prácticas de la alfabetización informacional al momento de recomendar referencias y bibliografías y tener presente que la accesibilidad es una cuestión de derechos humanos que nos concierne a todos.

¿Cómo podríamos mejorar nuestra solidaridad para con las personas con movilidad, comunicación o comprensión reducidas?

 

 

(1) El texto enmascara este enlace: http://www.observatoriodelaaccesibilidad.es/espacio-divulgativo/articulos/terminos-adecuados-referirnos-personas-discapacidad-iii-parte.html

(2) El texto enmascara este enlace: http://www.cyldigital.es/articulo/guia-programas-para-personas-con-discapacidad

(3) El texto enmascara este enlace: https://www.w3.org/TR/html5/

 

Accesibilidad, discapacidad y tecnologías adaptativas