Recursos educativos adecuados o cómo encontrar agujas en el pajar

Pensar la práctica, sea en clave de accesibilidad, de innovación o de ambas, requiere de una selección crítica de los recursos educativos. El desafío es establecer los criterios con el que vamos a elegirlo ¿es relevante? ¿es pertinente? ¿es accesible? ¿puedo usarlo abiertamente? ¿cuándo conviene usarlo? Ciertamente, el primero tiene que ver con la pertinencia: ¿cuál es la mejor manera de mostrar ese contenido? ¿qué recurso permite potenciar la comprensión del tema? No da lo mismo cualquier recurso. Si bien el uso de TIC es fascinante, no deberíamos olvidar los “éxitos analógicos” y, en todo caso, enriquecerlos digitalmente. Surfeando la web encontramos un video que nos entusiasma ¿ayuda a comprender el contenido que vamos a enseñar? ¿con cuánta precisión “da en el blanco” de los objetivos de aprendizaje que propusimos en nuestra planificación?

Decidido que es pertinente, pasemos a la relevancia: este video ¿muestra mejor el contenido que una explicación en clase? ¿o lo que dice el libro? ¿hay alguna imagen que lo presente de modo más contundente? ¿algún otro recurso no necesariamente digital?

Aprobadas la relevancia y la pertinencia, analicemos las barreras ocultas que perturban o impiden su accesibilidad. No necesariamente involucra a estudiantes con “discapacidad declarada”. Sigamos con el ejemplo del video: la calidad de la conexión a internet ¿permite visualizarlo sin interferencias o interrupciones? ¿las imágenes son nítidas? ¿ el sonido es claro, sin interferencias? ¿todos pueden comprender su texto? ¿posee subtitulado? ¿posee audiodescripción? Si el recurso bajo análisis es una imagen, ¿tiene texto alternativo que la describa?

Distinguir entre la producción propia y la ajena es importante en la formación de los futuros ciudadanos. Decir que “lo encontré en internet” no es suficiente. Es necesario indicar quién lo publicó en Internet y además, si quien lo publicó es o no su autor. Los derechos de autor están protegidos por la propiedad intelectual. Así es que, al momento de utilizar una producción ajena es importante conocer si todos los derechos están reservados (copyright), ningún derecho está reservado (copyleft o dominio público) o bien algunos derechos están reservados (licencias Creative Commons).

¿Qué criterios tienen en cuenta al seleccionar recursos educativos?

Recursos educativos adecuados o cómo encontrar agujas en el pajar

Accesibilidad, disponibilidad y libros de texto

Accesibilidad y disponibilidad no son sinónimos. Pero en un proyecto educativo con aspiraciones de calidad y justicia, están íntimamente entrelazados. De nada sirven los anaqueles repletos de materiales en las bibliotecas escolares si se encuentra bajo llave en los horarios de clase. O faltan bibiliotecarios que faciliten el buscar y hallar información confiable, pertinente y relevante. Están listos para ser usados, pero la llave (pequeño artefacto con poder inmenso) frena esa disponibilidad. Pero cuando hablamos de accesibilidad nos referimos a las características de esos materiales, de los entornos en que están disponibles y de los servicios que facilitan aprovechar esa información. De ahi que no basta atiborrar estantes con libros, es necesario considerar las barreras a la accesibilidad que presentan. Barreras que afectan a muchas personas, incluídas las personas con discapacidad.

Es una buena noticia saber que la accesibilidad al conocimiento mediante manuales transcriptos al sistema braille sea una política pública. También tenemos mucho y bueno que aprender de las redes que se van tejiendo sobre estas cuestiones, como , por ejemplo, el Proyecto LATIn (Iniciativa Latinoamericana de Textos) y el Proyecto Spriptorium.

Como otras iniciativas valiosas financiadas por proyectos de desarrollo, una vez vencido el plazo, las actividades van languideciendo. El desafío, entonces es ¿cómo sostener en el tiempo estas iniciativas?

Accesibilidad, disponibilidad y libros de texto

Lo extraño en lo cotidiano

Lo extraño produce sensaciones diversas entre las personas. Ser diferente al resto puede estigmatizarte, excluírte, segregarte, ponerte como ejemplo para otros extraños como tú. Algunos proponen “ponerte en sus zapatos” o que aprendas lecciones de vida de los “modelos a seguir”, como si eso bastara para calmar la angustia de encontrarte con “uno diferente a tí”. (recomiendo lean a Carlos Mattos, que escribe mucho y bueno sobre este asunto).
Hablamos mucho de diversidad, pero no queremos corrernos de nuestra zona de confort. A veces, pocas veces, la voz de los extraños sale más allá de su círculo y por esas cosas del destino (o de Hollywood) llegan a más personas. A más “gente como uno”. Como la historia de RJ Mitte.
Nos fascinan las historias de héroes y heroínas. Cómo son capaces de levantarse más alto que todos, después de haber caído más bajo que todos. Pero nos cuesta ver cuántos han quedado en el camino. Somos una sociedad que ama el éxito y castiga el fracaso. Más bien, castigan a los “éxitos cortitos” con la etiqueta del fracaso. Olvidan que el fracaso no es más que la oportunidad de comenzar de nuevo, pero con más inteligencia (“Failure is only the opportunity to begin again, this time more intelligently. There is no disgrace in honest failure; there is disgrace in fearing to fail“).
Es un buen momento para empezar a ver desde otra perspectiva. La de quienes lo intentan, sin ánimo de ser héroes, obtener premios o medallas. Simplemente, porque quieren una mejor sociedad.
 
 
Lo extraño en lo cotidiano

El rol de las TIC en una cultura digital

En la última década del siglo pasado surgió una profunda inquietud acerca del impacto que la computación-informática tendría en la educación (no quedaba muy claro entonces de qué se ocupaba cada una). Las “palabras mágicas” para conjurar este hechizo eran “Tecnologías de la Información y la Comunicación”, TIC para los amigos (TICs o NTICX para otros).

Pero una vez pasado el efecto del conjuro, no fue difícil advertir que las TIC disponibles marcaron la educación en sus tiempos. Papiros, tablillas de archilla, pergaminos y libros fueron los distintos soportes de la información y el conocimiento en las distintas sociedades. Escribas, monjes copistas, imprenteros, libreros y bibliotecarios crearon los canales para distribuir la información que los “maestros” utilizaban para crear y transmitir conocimiento. En el primer capítulo de su libro Engineerig of Elearning, Tchoshanov presenta una interesante historia de la didáctica donde puede advertirse que la irrupción de “nuevas” TIC se relaciona con alguna innovación en la didáctica. Será interesante ver estas irrupciones no como hitos aislados sino como emergentes de un proceso más complejo.

Después de experiencias intensas con maestros de la talla de Alicia Camilloni en su reciente Seminario “Epistemología de la Didáctica” en la Universidad Nacional de Mar del Plata, la escucha atenta de las experiencias de Mariana Maggio en su cátedra “Fundamentos de Tecnología Educativa” de la Universidad de Buenos Aires y un intercambio entre Vera Rexach (OEI – Ibertic) y Selín Carrasco Universidad Futura) en las redes sociales resuenan diferente. Abren la mente para posicionarse en otros lugares, otros puntos de vista, otras perspectivas. Y prefiero “otros” a “nuevos”.

Lo que hoy estamos discutiendo entonces, sería más bien cómo enseñar y aprender en una cultura digital. Las actuales TIC ya no son herramientas sino que se han convertido en la infraestructura. Los entornos virtuales de enseñanza y aprendizaje van más allá de aulas virtuales en plataformas de e-learning. Los dispositivos se multiplican y el aprendizaje se vuelve ubicuo.

Con más razón y energía es necesario pensar las prácticas docentes en clave de accesibilidad en multiplicidad de entornos virtuales.

El rol de las TIC en una cultura digital

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Hace unos días, Matías Sánchez Caballero compartió en su muro de Facebook una carta dirigida al periódico ABC digital. Y como suele suceder en tiempos de redes sociales, sus amigos no dejamos pasar la oportunidad de comentar y reflexionar sobre la visibilidad de ciertas discapacidades y lo invisible de muchas otras. En particular, el caso de las personas con baja visión.

Surgieron situaciones vinculadas con el turismo accesible, museos accesibles, visitas guiadas accesibles a los museos, etc. Con un patrón emergente: los problemas de accesibilidad se resuelven con rampas, ascensores y textos en sistema braille. Y si bien en Argentina la Vicepresidente y el Ministro de Trabajo no evitan ser mostrados en sus sillas de ruedas, por ahora todo sigue siendo declamación y poca acción. Algunos intendentes (alcaldes) se jactan de que sus ciudades son accesibles. Pero las calles y veredas están destruidas, las rampas existen, pero no son funcionales.

Mi ciudad, según informan, es la que mayor densidad de población de adultos mayores tiene en Sudamérica. Y estos adultos procuran ser lo más autónomos que su salud… y la ciudad les permite. Se las ingeniaron para contar con sillas de ruedas y andadores hechos para su necesidad. Y aquí es donde todas las pretensiones de estandarizar las tecnologías de apoyo se estrellan con el muro de los “ajustes razonables” que requiere cada persona para desenvolverse en la comunidad y ejercer plenamente sus derechos en situación de equidad de oportunidades.

No todo se resuelve con rampas, ascensores y textos escritos en sistema braille. Hay personas con movilidad reducidas que no utilizan sillas de ruedas o bastones blancos. Matías señala criteriosamente, que la mayoría de las personas con discapacidad visual no son ciegas. Padecen baja visión. Hemos naturalizado que una persona que usa bastón blanco es ciega. Una que usa anteojos muy gruesos tiene baja visión. Pero la mayoría de las personas con baja visión no necesitan bastón (blanco o verde, dejo la discusión para otra entrada del blog). Eso vuelve invisible su discapacidad. Y de nuevo, la imposibilidad de estandarizar soluciones tecnológicas de apoyo para estas personas.

Dicen que “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Predicamos los buenos y potentes valores de la inclusión (social, educativa, digital, civica, y afines). Pero, puestos manos a la obra, ¿tenemos la suficiente humildad como para pedir ayuda a quienes saben?

Matías insiste en que la accesibilida empieza antes de que una persona salga de su casa o antes de encender cualquier dispositivo. Creo que la accesibilidad empieza en la mesa del diseñador de entornos, servicios o productos. Y sigue en el escritorio del funcionario o el escaño del legislador.

Accesibilidad más allá de rampas y ascensores

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Por su urgencia y prioridad, mucho se está escribiendo y haciendo para mejorar las prácticas docentes en el marco de la Educación Inclusiva. Podemos observar propuestas de políticas públicas que favorezcan el acceso a la educación, la actualización y el perfeccionamiento de los docentes y adecuación de la infraestructura para garantizar la mejor educación posible para todos.

Sin embargo, notamos un área vacante: el de las prácticas docentes en clave de accesibilidad.  Proponemos revisar la propia práctica detectando las barreras que perturban o impiden el acceso a la información y el conocimiento por parte de personas con movilidad, comprensión y comunicación reducidas. Incluye a las personas con discapacidad pero también a otros grupos que quedan “invisibles” o en penumbras.

Veamos esta situación: un estudiante universitario miembro de uno de los tantos pueblos originarios de nuestra América. Su lengua materna no es el español (el idioma “oficial” de la universidad en la que está matriculado). El diseño curricular, el desarrollo de las disciplinas involucradas y su didáctica pertenecen a una cultura ajena a la de nuestro estudiante ¿Cómo evaluar con equidad el rendimiento académico de este estudiante que toma clases de “Análisis Matemático” (con fuertes resabios de la escolástica, la lógica aristotélica en el que se basan conceptos como el de límite y derivada)?

En modo alguno la diversidad ética es una discapacidad. Pero podemos advertir fácilmente cómo su comprensión y comunicación se ven reducidas con respecto de sus compañeros.

Crear espacios de reflexión y comunidades de aprendizaje y prácticas que incluyan la revisión de la propia práctica orientada a detectar barreras a la accesibilidad es el primer paso para inducir cambios y transformaciones que se sostienen en el tiempo.

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Educación superior, TIC y accesibilidad

Pensando en voz alta, comparto algunas inquietudes sobre un aspecto no muy explorado en la educación: la accesibilidad académica.

Para consolidar un modelo educativo de enseñanza y aprendizaje que integren TIC, es necesario considerar la accesibilidad como un atributo de calidad. Accesibilidad entendida más allá de la discapacidad y el cumplimiento de las pautas para el acceso al contenido web: involucra a las prácticas docentes y expresa una política institucional. Esto implica un cambio de actitud: salir a detectar las barreras ocultas que impiden o perturban el acceso a la información y el conocimiento para las personas con comunicación, comprensión o movilidad reducidas. Por ejemplo, las personas cuya lengua materna sea diferente al español, tendrán dificultades para comprender textos académicos en ese idioma, pero no puede asociarse a una discapacidad.

Por otra parte, los avances tecnológicos suelen encandilar a docentes y funcionarios para adoptar “la siguiente gran innovación”.  Discernir cuáles contribuyen a crear comunidades de aprendizaje y de práctica según el modelo educativo de la universidad es un reto que exige reconsiderar perfiles de egresados, modalidad y alcance de la oferta académica y la consistencia interna de cada elemento constitutivo del PLE.

Incorporar los Recursos Educativos Abiertos y Accesibles en el trabajo pedagógico propician aprendizajes significativos en contexto. Generar espacios de reflexión para los equipos docentes sobre sus propias prácticas ayudan a desnaturalizarlas y a desarmar prejuicios.

Resumiendo, los entornos educativos virtuales reflejan políticas institucionales, perfiles de graduados emergentes de los diseños curriculares y las prácticas docentes que los llevan a cabo. Su diseño debería mostrar la coherencia y la consistencia interna entre ellos. A tono con las actuales tendencias, aplicar los principios del Diseño Universal en los entornos (tanto físicos como virtuales), el diseño curricular y los recursos educativos propuestos contribuyen al posicionamiento de la universidad y las carreras ofrecidas como referentes en la sociedad.

Educación superior, TIC y accesibilidad