Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

Por su urgencia y prioridad, mucho se está escribiendo y haciendo para mejorar las prácticas docentes en el marco de la Educación Inclusiva. Podemos observar propuestas de políticas públicas que favorezcan el acceso a la educación, la actualización y el perfeccionamiento de los docentes y adecuación de la infraestructura para garantizar la mejor educación posible para todos.

Sin embargo, notamos un área vacante: el de las prácticas docentes en clave de accesibilidad.  Proponemos revisar la propia práctica detectando las barreras que perturban o impiden el acceso a la información y el conocimiento por parte de personas con movilidad, comprensión y comunicación reducidas. Incluye a las personas con discapacidad pero también a otros grupos que quedan “invisibles” o en penumbras.

Veamos esta situación: un estudiante universitario miembro de uno de los tantos pueblos originarios de nuestra América. Su lengua materna no es el español (el idioma “oficial” de la universidad en la que está matriculado). El diseño curricular, el desarrollo de las disciplinas involucradas y su didáctica pertenecen a una cultura ajena a la de nuestro estudiante ¿Cómo evaluar con equidad el rendimiento académico de este estudiante que toma clases de “Análisis Matemático” (con fuertes resabios de la escolástica, la lógica aristotélica en el que se basan conceptos como el de límite y derivada)?

En modo alguno la diversidad ética es una discapacidad. Pero podemos advertir fácilmente cómo su comprensión y comunicación se ven reducidas con respecto de sus compañeros.

Crear espacios de reflexión y comunidades de aprendizaje y prácticas que incluyan la revisión de la propia práctica orientada a detectar barreras a la accesibilidad es el primer paso para inducir cambios y transformaciones que se sostienen en el tiempo.

Barreras a la accesibilidad en la propia práctica docente

La historia de los arandanos o por que las escuelas no son empresas

No hay dudas de que estamos en tiempos de cambios. Desde distintos campos, se habla de la transción de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento…
En el siglo 21 se afianza la noción de una educación verdaderamente inclusiva. Surgen políticas públicas para garantizar la mejor educación posible para todos. Pero también se discute desde hace varias décadas si la educación es un bien público o una mercancía.
Gracias a Marisa Conde, comparto este enlace. 
Recordé tiempos no muy lejanos donde se etiquetaba a algunas escuelas del conurbano bonaerense como “escuelas pañal” o “escuela volquete” (concepciones mucho más despectivas y excluyentes que la de arándanos no aptos)
¿Nos ha pasado situaciones similares desde donde defender una escuela efectivamente inclusiva?

La historia de los arandanos o por que las escuelas no son empresas

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